El actor argentino Miguel Ángel Solá lee el texto, que arranca así:

Yo, con la salud algo quebrantada y no sé si recuperable, dejo a mi segunda mujer mis brazos y mis piernas, en recuerdo de que con unos y con otras la abarqué y la ceñí, la incorporé a mi territorio, la gocé y logré que me gozara…

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solo habría que cambiar el nombre ya que sale un número.

Transcripción:

Yo…con la salud algo quebrantada y no sé si recuperable,

dejo a mi segunda mujer

mis brazos y mis piernas,

en recuerdo de que con unos y con otras

la abarqué y la ceñí;

la incorporé a mi territorio;

la gocé y logré que me gozara.

También le dejo

mis rabietas de verdugo y mis caricias de arrepentido;

mis hoscas vigilias y mis nocturnos de minucioso amador;

la melancolía que me provocan sus ausencias

y el cielo abierto que acompañan sus regresos;

la garantía de saberla dormida a mi lado

y la certeza de que velará mi último sueño.

Yo..dejo también una canción cadenciosa y pegadiza

que mi madre cantaba en la cocina

mientras revolvía el dulce de leche casero;

dejo un cristal con lluvia

que me ponía alegremente melancólico;

dejo un insomnio con luna creciente y dos estrellas;

dejo la campanilla con la que llamaba a la esquiva buena suerte;

dejo una tijerita de acero inoxidable

con la que a través de los años,

me fui cortando tres o cuatro tipos de bigote;

dejo el cenicero de Murano que recogió,

sin inmutarse, las cenizas de mis frustraciones;

dejo todos mis apodos y mis remordimientos clandestinos;

dejo una ficha de ruleta

para que alguien la apueste al treinta y dos;

dejo el relámpago de la memoria

que a veces ilumina los baldíos de mi conciencia;

dejo el cuaderno tabaré cuadriculado

donde fui anotando mis vagos presentimientos;

dejo un ejemplar del Quijote en papel biblia

con notas al margen que testimonian mi aburrida admiración;

dejo los gemelos de oro que me regalaron para mi segunda boda

y que nunca estrené pues uso camisas de manga corta;

dejo la cadenita de mi pobre perro que murió hace tres años

porque no supo soportar su viudez;

dejo un encuadernado ejemplar de la oda al carajo,

única obra maestra del ubicuo bandolero

que escribió nuestro himno y el de Paraguay;

dejo el antiguo calzador de mango largo

que uso en mis temporadas de lumbago;

dejo mi valiosa colección de arrugadas expectativas;

dejo un cajoncito de cartas recibidas

y otro cajoncito con copias de las cartas que no me contestaron;

dejo un termómetro enigmático y maravilloso

porque siempre nos fue imposible leer en él

la temperatura nuestra de cada día;

dejo la acogedora sonrisa de la preciosa pero intocable

mujer de un amigo que es campeón de karate;

dejo el único piojo solitario, anacoreta,

que ingresó hace doce años en mi geografía corporal

y al que ultimé sin la menor piedad ecologista;

dejo un plano muy bonito de Montevideo,

recuerdo de una época poscolonial y premoon;

dejo mi horóscopo con sus pronósticos nunca confirmados;

dejo un papel secante con la firma (invertida) de un ministro del ramo;

dejo un caracol gigante recogido en una playa oceánica

que antes de expirar me miró

con la tristeza de su odio salado;

dejo una antena de TV

que sólo aportó inéditos fantasmas a mi pantalla;

dejo las ojeras de mi hipocondría y los ardides de mi falso olvido;

dejo un decilitro de ola atlántica

que guardo en un frasco verdiazul para que no extrañe;

dejo un sueño erótico y su verdad desnuda,

por cierto inalcanzable en la arropada vigilia;

dejo una bofetada femenina, injusta y perfumada;

dejo una patria sin himno ni bandera

pero con cielo y suelo;

dejo la culpa que no tuve y la que tuve,

ya que después de todo son mellizas;

dejo mi brújula

con la advertencia de que el norte es el sur y viceversa;

dejo mi calle y su empedrado;

dejo mi esquina y su sorpresa;

dejo mi puerta con sus cuatro llaves;

dejo mi umbral con tus pisadas tenues;

dejo por fin mi dejadez.

Nota:

Si bien así lo encontré en el audio que coloqué arriba, aclaro que –hasta donde sé- es un error considerar que esto es “el” testamento de Mario Benedetti y/o que este texto se llame “Testamento”como lo hacen parecer en algunos blogs y páginas de internet y, al menos hasta donde yo sé (aunque quizá no esté al tanto si así lo ha expresado él o fue considerado así en sus numerosos homenajes en manos de personas que seguramente saben más que yo del tema) esto es un fragmento modificado levemente* de un texto de Mario Benedetti llamado TESTAMENTO OLÓGRAFO que forma parte de una publicación de este autor llamada BUZÓN DE TIEMPO de 1999.

* Sus párrafos comienzan así: “Yo, Rogelio Velasco, dejo…”

Más Mario Benedetti en mi Isla:

No te salves

Otherness

Siempre me aconsejaron que escribiera distinto

que no sintiera emoción sino pathos

que mi cristal no fuera transparente

sino prolijamente esmerilado

sobre todo que si hablaba del mar

no nombrara la sal

Siempre me aconsejaron que fuera otro

y hasta me sugirieron que tenía

notorias cualidades para serlo

por eso mi futuro estaba en la otredad

El único problema ha sido siempre

mi tozudez congénita

neciamente no quería ser otro

por lo tanto continúe siendo el mismo

Otro si digo / me enseñaron

Después que la verdad

Era más bien tediosa

El amor / cursi y combustible

La decencia / bastarda y obsoleta

Siempre me instaron a que fuera otro

Pero mi terquedad es infinita

Creo además que si algún día

me propusiera ser asiduamente otro

Se notaría tanto la impostura

que podría morir de falso crup

o falsa alarma u otras falacias

Es posible asimismo que esos buenos propósitos

sean sólo larvadas formas de desamor

ya que exigir a otro que sea otro

en verdad es negarle su otredad más genuina

como es la ilusión de sentirse uno mismo

Siempre me aconsejaron que escribiera distinto

pero he decidido desalentar / humilde

y cautelosamente a mis mentores

En consecuencia seguiré escribiendo

igual a mi o sea

de un modo obvio irónico terrestre

rutinario tristón desangelado

(por otros adjetivos se ruega consultar

criticas de los últimos treinta años)

y eso tal vez ocurra por que no sé ser otro

que ese otro que soy para los otros.

                                      Mario Benedetti

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves
ahora ni nunca
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer lo párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.

Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

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