Un día decidí que tenia que estudiar otra carrera, esta vez universitaria, y no quedarme con el título terciario con el que ya contaba, y a las pocas horas estaba inscripta en una (la que estudié por mas de 5 años), aún cuando fui a inscribirme fuera de término. Al mediodía les avisé a mis padres la decisión…Tenia 19 años y en ese período dependía económicamente de ellos.

 

 

Una tarde me anoté en las Olimpiadas de Física, nos sabía ni de qué se trataban, pero nos acababan de decir que nos darían horas de clase para ello y que había niveles nacionales e internacionales…con  casi todo cubierto en los viajes, para los que alcancen esos niveles. Viajé tres años a las nacionales, aún no me explico que hice además de tomar mate y jugar mientras los demás debatían temas científicos, pero ahí estaba yo viajando. Más no hacía, los que se lo tomaron en serio, tuvieron además, sus oportunidades en el exterior.

En el primero de esos viajes, tuve ganas de ir a a saludar al ganador. Por casualidad me quedé con unos lentes de sol que eran de una amiga suya para darle suerte. Fueron el símbolo que nos dibujábamos en cada carta que nos enviábamos casi todos los días entre visita y visita, viajando de Bs. As. a Rosario y viceversa, pagando facturas telefónicas impensadas. Ya que estuvimos dos años de novios y faltando mucho al colegio…

  

 

Acostumbré siempre a tener el cabello con mis rulos medio desarreglados, sin ninguna pasada de peine salvo en el lavado, pero aun así, recto, común… largo. Un día me encontré yendo a una reunión con el cabello corto, lleno de desniveles y mis rulos saltando por donde se les antojaba, es que en unos minutos le di a las tijeras hasta que me dio por parar… desde ese día, mi pelo es siempre así, caótico, corto y desnivelado; ya sea que me lo corte yo, o pida auxilio para que lo hagan libre por mi.

 

  

Una noche de verano, un plan de vacaciones tambaleaba demasiado como para esperar el resultado. Recordé que un contingente de “amigos” salían esa misma noche, en solo tres horas, por diez días a un campamento en el medio de la nada,a casi 800 km y con un clima que tiene todas las temperaturas en las 24 hs de un mismo día. Yo me encontraba a una hora de mi casa, teléfono público mediante, aviso que me adoso a ellos, confirmo hora y asistencia, tomo un taxi. Llego a mi casa, no hay nadie, no tengo tiempo de esperar, recojo mi mochila y le meto un rejunte de ropa. Alguna de la que necesitaba estaba puesta para ser lavada, la metí igual. Todo un bollo apretado, y demás elementos necesarios, los que se me ocurrieron mientras volaba por la casa. No encontré dinero más que el que tenia encima. Escribí una nota a mis padres y me fui. Llegué con tres minutos de retraso (¿nada mal eh?) para la hora pactada, pregunté si un amigo me prestaba dinero hasta que a la vuelta se lo devolviera, y ahí me fui yo. Unas vacaciones fantásticas, eso sí,con ropa sucia antes de usarla.

 

 

Vagando por la calle con unas amigas un sábado a la noche, terminamos en una reunión de amigos (entre ellos) a los que desconocíamos, pero nos caímos simpáticos mutuamente. Habíamos ido aun club de pesca a ver el río, y ellos a comer un asado. Conozco a un chico de esos, que se me sienta al lado a charlar, era el “homenajeado”, se despedía porque se iba a vivir al sur (a San Carlos de Bariloche, mi lugar en el mundo desde antes de conocerlo) en veinte días. Nos costó alejarnos ya muy entrada la mañana, quedando para vernos esa misma tarde. No nos separamos más. Faltando tres días para su partida me pregunta si quiero ir. Claro que sí!. Aviso a mis padres que en tres días me voy a Bariloche con este chico del que no sabían mas que el nombre. No pensaban darme ni un centavo para esa”locura”. Una amiga juntó las propinas de esos dos días restantes, en la estación de servicio en la que trabajaba, y me las regaló, mi tío, aunque se le cae el dinero, me regalo unos manguitos también. No recuerdo, pero calculo que antes de subir al micro, mi mamá me habrá dado algo también, a escondidas ya que mi papá no la hubiera dejado. Al cuarto, casi quinto día, desde la invitación, estaba en un hostel, ayudando a buscar departamento. Al octavo, en la cumbre de una montaña.

A los tres meses una noche sentí que tenia que hacer mi vida, no la de otro, y que, definitivamente, esa escapada no era lo que me servía, al menos no era el momento. Veinticuatro horas después estaba comprando el boleto par el regreso… y dos días mas tarde, estaba llegando a Rosario. Después de un descanso y de desarmar los bolsos, me levanto a la mañana, tomo unos papeles…

…y a las pocas horas estaba inscripta en una carrera universitaria(la que estudié por mas de 5 años), aún cuando fui a inscribirme fuera de término….

 

mate cebadoSoy de las que toman mate por todo, en todo momento y bajo toda circunstancia…podría no comer, puedo no dormir, pero no puedo vivir sin tomar mate…de preferencia en compañía…obvio, aunque sola son los que más tomo…Aclaración para los que no lo conocen: sola, no de “en soledad”, sino de no cebar nada más que para mí, ya que a mi hija todavía no le doy…aunque me pide… 🙂

A mi vicio por el mate es que le debo haber conocido a mi marido… (mmm… tendré que replantearme mi adicción afición a este maravilloso brebaje?  :mrgreen:  )

 

Con ustedes, una hermosa descripción/reflexión de LO QUE ES EL MATE…

El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En Argentina o en Uruguay nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.

El mate es exactamente lo contrario que la televisión. Te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.

Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es “hola” y la segunda “¿unos mates?”.

Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan. Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara. Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos. Los buenos y los hijos de puta.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.

Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: ¿Dulce o amargo. El otro responde: -Como tomes vos.

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.

Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es porque ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera. Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solos. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones.

El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores…

Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena, la charla, no el mate.

Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y viceversa.

Es la sinceridad para decir: “basta, cambiá la yerba!”.

Es el compañerismo hecho momento.

Es la sensibilidad al agua hirviendo.Es el cariño para preguntar, estúpidamente, ¿está caliente, no?

Es la modestia de quien ceba el mejor mate.

Es la generosidad de dar hasta el final.

Es la hospitalidad de la invitación.

Es la justicia de uno por uno.

Es la obligación de decir “gracias”, al menos una vez al día.

Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

Ahora vos sabés, un mate no es sólo un mate…

 convidar un mate

Autor: Hernán Casciari y lo publicó en “Diario de una mujer gorda”. Circuló por muchos lugares bajo la autoría de Lalo Mir, él lo leyó en la radio, pero no es el autor.

 

Como dije en un comentario y se habrá notado…no puedo escribir, sencillamente no me sale…no es que antes escribiera mucho, ni bien, pero al menos, lo hacía con ganas y una  especie de “fluidez” se le podría decir…

Fue desde que hice el post del luto…(unos días antes ya me pasaba con chatear, o andar merodeando por otros blogs y comentar…pero cada día mi incapacidad para expresarme fue creciendo, y lo feo, en todo caso, es que la necesidad por dentro esta/ba igual…)Pero no sólo eso…pasó algo más…algo que creo que solo con tiempo podré darme cuenta qué es y porqué no encuentro palabras que sirvan… Es MUCHO y hay que procesar…No, no puedo…ni esto ya logro decir con claridad…

Nos vemos, me voy a tomar unos mates, ya saben, están todos invitados!!!

 

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